Lo característicamente humano frente a las matemáticas en la Lotería de Navidad

Lo característicamente humano frente a las matemáticas en la Lotería de Navidad

Detrás hay tradición y un ‘folclore’ que va desde calificar los números de feos o bonitos, elegir en la administración aquellos que coincidan con la fecha de una boda o un nacimiento a, incluso, pasar los boletos por el manto de la virgen o la espalda de un compañero.


Pero no solo. Los seres humanos somos seres sociales y entre nuestras necesidades está la de pertenencia al grupo -familia, trabajo, amigos-, así que zafarse de esta costumbre es difícil; “la Lotería de Navidad es una forma de sentirse parte de ese grupo”, afirma Juan Castilla, del Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid.


Por eso, señala a Efe, la mayoría compra el décimo de su trabajo, el que tiene su familia, el gimnasio o el bar habitual.

Nos movemos por un “refuerzo negativo”


Y detrás de esto está lo que los expertos llaman “refuerzo negativo”, es decir, querer evitar un mal más que buscar un bien.


Ignacio Morgado, director del Instituto de Neurociencias de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), explica a Efe que la persona que compra, por ejemplo, una participación de 5 euros en el bar lo hace no tanto porque piense que le va a tocar, sino porque “piensa lo mal que lo pasaría si saliera premiado ese número y no lo tuviera”.


“Ese es un motivo muy importante y lo vivimos todos en la panadería, universidad o gasolinera”, resume este científico, para quien “muchas veces, y en la Lotería de Navidad es así, funcionamos más por refuerzos negativos que por aquellos positivos”.


Morgado coincide con Castilla en que detrás de este comportamiento, y ligado al refuerzo negativo, está esa necesidad de pertenencia al grupo: “si todos lo hacen por qué no yo“.


No obstante, apunta Morgado, también catedrático de Psicobiología de la UAB, el comportamiento humano es complejo y, si bien detrás de la compra de décimos hay motivos compartidos, las razones son variadas.


Por ejemplo, hay quien cree, si no tiene nada de nada, que el Gordo o uno de los grandes premios le pueden solucionar la vida y hay otros que piensan que merece la pena jugar para tapar agujeros.

Colas para adquirir boletos de la Lotería de Navidad en Madrid. EFE/J.J. Guillén

Colas para adquirir boletos de la Lotería de Navidad en Madrid. EFE/J.J. Guillén


La mayoría, añade Morgado, opina que “lo que pierde por intentarlo es muy poco” -5 euros en una participación o 20 en un décimo-: la bajísima probabilidad de que te toque se ve compensada por el hecho de que tampoco es mucho lo que arriesgas -hablando en términos generales, insiste-.


¿Pero qué se activa en nuestro cerebro cuando jugamos a la lotería? Aquí hay que precisar mucho el momento, indica Morgado.


Y es que, el cerebro no trabaja de la misma manera cuando uno piensa en ir a comprar un décimo que cuando uno está en la administración comprando ese décimo, mirando si le ha tocado o no, o cuando ya sabes que te has llevado uno de los premios de la lotería.

Sistema mesolímbico


Para explicarlo, Morgado se pone en un extremo, en la adicción al juego; la adicción normalmente empieza siendo una motivación incentiva, es decir, haces algo porque te motiva la posibilidad de ganar algo, de obtener placer, pero cuando ya estás “inmerso en la adicción”, esta motivación ya no es incentiva, sino “homeostática”.


“Esto quiere decir que ya no juegas porque te toque algo, sino porque si no juegas, lo pasas mal”.


Sin llegar a este punto, en la lotería hay algo de la primera parte: lo positivo, el entusiasmo por que te pueda tocar un premio activa las áreas del cerebro relacionadas con el placer o la motivación, entre ellas, el sistema mesolímbico, el dopaminérgico -el neurotransmisor de la dopamina tiene mucho que ver- o el núcleo accumbens, también inmiscuido en la adicción a la mayoría de drogas.


En cuanto a la dopamina, históricamente la comunidad científica ha creído que es el neurotransmisor del placer, pero ahora se sabe que esta sustancia más que un neurotransmisor del placer es un neurotransmisor de la motivación por buscar ese placer: cuando liberas dopamina lo que te entra son muchas ganas de buscar algo que sabes que es bueno y que te va a producir placer, subraya Morgado.


Es muy probable, a falta aún de experimentos, que las personas que más juegan a la lotería sientan esto, afirma este investigador, para quien incluso en las decisiones económicas las emociones tienen más peso que la razón.

Problema grave con el juego


Tanto Morgado como Castilla aprovechan para recordar que en España empieza a haber un problema grave con la adicción al juego.


La oferta por internet ha aumentado, lo que es un peligro en particular para los jóvenes, advierte Castilla, quien añade que el que es ludópata normalmente tiene varias adicciones.


Desde el Colegio madrileño de Psicólogos se piden medidas preventivas para no caer en adicciones al juego y/o dar apoyo a las personas que ya han caído en cualquier tipo de adicción, “sabiendo que al Estado le interesan estos ingresos, pero con responsabilidad”. EFEfuturo

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